La conectividad se está convirtiendo en el factor de confianza más importante en el sector de los viajes
Skift Take
La conectividad se ha convertido en un pilar fundamental de la experiencia de viaje. A medida que el smartphone se convierte en el centro de control del viaje, disponer de una conexión fiable ya no es solo una cuestión de comodidad, sino más bien de confianza.
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Los viajeros tienen una breve lista de aspectos que consideran imprescindibles en un viaje. Según el informe «Global eSIM & Travel 2025-2026» de Holafly, la conectividad móvil ha pasado a ocupar el primer puesto. Nueve de cada diez viajeros afirman que una conectividad fluida es importante o muy importante para los viajes en 2026, y el 79 % de los viajeros de negocios considera ahora que una conexión a Internet fiable está al mismo nivel que la seguridad y la puntualidad, por delante de casi todas las comodidades en torno a las cuales la industria del turismo ha construido sus programas de fidelización y experiencia.
Pero las cifras ocultan un cambio de categoría. Lo que los viajeros denominan «conectividad» ya no es lo que el sector ha venido vendiendo bajo ese nombre.
La conectividad es cuantificable. Se puede definir en términos de asignaciones de datos, mapas de cobertura y velocidades. La conexión es más difícil de cuantificar. Se manifiesta en momentos concretos: cuando un viajero aterriza y puede orientarse de inmediato, cuando los planes cambian y se dispone de alternativas, o cuando la comunicación no se ve interrumpida a pesar de las diferencias horarias. Se trata de una infraestructura emocional. Lo que los viajeros desean en última instancia es poder afrontar la incertidumbre sin contratiempos y mantener el control cuando cambian las circunstancias.
«Los viajeros no solo compran datos. También compran tranquilidad, continuidad y autonomía», afirmó Daniela Prado, directora de marca de Holafly. «En nuestra vida cotidiana estamos constantemente conectados, y esa expectativa no desaparece cuando estamos de viaje. De hecho, se vuelve aún más importante».
El smartphone se ha convertido en la interfaz de viaje
El antiguo modelo de itinerario planificado con antelación, confirmaciones impresas y asistencia local en cada etapa ya no funciona en un mundo en el que los viajes se organizan principalmente a través del móvil. Ahora la gente toma decisiones en tiempo real. Buscan información sobre la marcha, reservan, cancelan, modifican sus itinerarios, traducen, pagan, trabajan y comparten desde el mismo dispositivo.
Según el informe de Holafly, el 91 % de los viajeros utiliza el smartphone como herramienta principal para gestionar sus viajes, y solo el 3 % opta conscientemente por no conectarse a Internet, lo que refleja una expectativa casi universal de acceso a la red. Al mismo tiempo, la adopción de la eSIM ya ha alcanzado el 25 % entre los viajeros menores de 35 años.
Casi la mitad de los viajes internacionales se realizan ahora a destinos que se visitan por primera vez, lo que significa que los viajeros tienen menos conocimiento de la zona y una mayor necesidad de acceder en tiempo real a mapas, recomendaciones, transporte y servicios.
Pero una confirmación de hotel solo es útil si se puede consultar. Una tarjeta de embarque digital solo sirve si se carga. Una aplicación de transporte solo tiene sentido si el viajero puede abrirla fuera de la terminal. La conectividad móvil ha pasado de ser una cuestión administrativa a convertirse en la infraestructura que sustenta todo el viaje.
La desconexión se ha convertido en un problema de confianza
La primera consecuencia de una conexión fallida suele ser de carácter psicológico.
«Una conexión a Internet lenta o poco fiable ya es la principal fuente de frustración para más del 54 % de los viajeros, pero las consecuencias reales van más allá de las simples molestias», afirmó Prado. «Genera ansiedad, una sensación de pérdida de control y una ruptura de la confianza. Cuando el teléfono es tu mapa, tu cartera, tu herramienta de comunicación y tu red de seguridad, la conectividad se convierte en una infraestructura fundamental».
Viajar siempre ha conllevado incertidumbre. Los vuelos se retrasan, los planes cambian, el tiempo da un giro y las reuniones se aplazan. La diferencia ahora es que los viajeros esperan poder gestionar gran parte de esa incertidumbre de forma digital. La conectividad se ha convertido en el medio que les permite recuperarse de los contratiempos.
Una conexión rápida que se interrumpe al cruzar una frontera, durante una escala o al llegar a destino no satisface las necesidades actuales de los viajeros. El punto de referencia está pasando del rendimiento en condiciones ideales a la resiliencia en situaciones impredecibles.
«Los viajeros más jóvenes dependen en mayor medida de lo digital, lo que hace que las interrupciones sean más frecuentes y tengan un mayor impacto en su comportamiento diario», afirmó Prado. «Los viajeros de más edad dan prioridad a la estabilidad y la previsibilidad, por lo que la fiabilidad se convierte en un factor clave para generar confianza. Por lo tanto, garantizar la continuidad a gran escala consiste en eliminar las fricciones en todos los segmentos de usuarios».

La conectividad en el sector del transporte necesita una red de seguridad
Si los viajeros evalúan ahora la conectividad en función de su fiabilidad, los proveedores que compiten en gigabytes lo están haciendo en el eje equivocado. Vender datos se queda corto cuando lo que el viajero realmente espera es continuidad.
La mayoría de los productos de conectividad siguen fijándose en función del plan: el viaje que el viajero ha contratado, el destino que ha elegido o las fechas que ha confirmado. Sin embargo, los viajes son el sector en el que es menos probable que el plan se mantenga.
La ventaja «Always On», recientemente presentada por Holafly, se ha diseñado precisamente para cubrir esa carencia. Ofrece a los viajeros una cobertura adicional de un gigabyte de datos al mes sin coste extra en más de 70 destinos, además de la cobertura eSIM que la empresa ya ofrece en más de 200.
«Un viajero puede comprar una eSIM para un viaje de una semana a Europa, pero ahora incluye una reserva de datos adicionales integrada para más de 70 destinos, lo que actúa como una red de seguridad que se activa automáticamente», explicó Prado. «Si una escala pasa por un país que no estaba previsto en el plan, o si un retraso en el vuelo convierte una semana en dos, seguirá estando cubierto».
El valor no reside en los datos adicionales en sí, sino en la tranquilidad que aportan.
«El modelo actual de conectividad sigue basándose en limitaciones y en la suposición de que todo funcionará según lo previsto», afirmó Prado. «Sin embargo, viajar es impredecible y surgen situaciones inesperadas, a menudo justo en el momento en que más se necesita la conectividad. Always On está diseñado para eliminar esa incertidumbre».
El próximo estándar es la conexión continua
La experiencia de viaje conectada está evolucionando hacia algo en lo que los viajeros tendrán que pensar cada vez menos, y no más. Puede parecer contradictorio, pero así es como suele madurar la infraestructura: cuanto mejor funciona, más invisible se vuelve.
Según Prado, el futuro de la conectividad en los viajes ya no será algo que los viajeros tengan que planificar, sino algo que darán por sentado, como la electricidad en una habitación de hotel.
Esto pone de manifiesto una carencia del sector. Aerolíneas, los hoteles y las plataformas de viajes siguen optimizando la experiencia física, mientras que invierten muy poco en el ámbito digital, que es el que ahora da cohesión al viaje. Cuando el ámbito digital falla, muchas de esas mejoras resultan más difíciles de utilizar o pasan totalmente desapercibidas.
«Los viajeros ya eligen sus destinos basándose en factores como la fiabilidad de la red y la conectividad en caso de emergencia», afirmó Prado. «Al mismo tiempo, el impacto de los fallos es cada vez más evidente. Las experiencias digitales negativas se amplifican en las redes sociales, lo que influye en la percepción general y afecta al atractivo de destinos enteros».
Esto no significa que todas las marcas de viajes tengan que convertirse en proveedores de conectividad. Lo que sí significa es que deben reconocer hasta qué punto su propia experiencia depende de que el viajero permanezca conectado. Las llaves digitales, las alertas de vuelos, las ventajas de fidelización, las colaboraciones con servicios de transporte compartido, las herramientas de conserjería en tiempo real, los pagos digitales y el acceso a aplicaciones relacionadas con los viajes: todo ello da por sentada la conexión. Cuando esa premisa falla, la experiencia de marca se ve mermada con ello.
Para los viajeros, la conectividad ya no es un simple complemento del viaje. Es el elemento que hace que el resto del viaje funcione y, cada vez más, es el indicador de confianza que determina si la experiencia resulta fluida, bien atendida y digna de repetirse.
Para obtener más información sobre Holafly, visita esim.holafly.com
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