La apuesta de África por las fronteras abiertas está dando sus frutos. Los vuelos baratos son la pieza que faltaba


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África está derribando por fin las barreras de los visados, pero, mientras los vuelos dentro del continente no sean más baratos y frecuentes, la simple apertura de las fronteras no bastará para liberar el potencial turístico del continente.

En 2017, Benín tomó una medida poco habitual en África Occidental: abrió sus fronteras a todos los titulares de pasaportes africanos, sin necesidad de visado. Un año después, sustituyó los trámites en la embajada por un sistema de visado electrónico que autorizaba la entrada a viajeros de más de 140 países en un plazo de 48 horas.

Desde entonces, el número de turistas ha aumentado de forma constante, pasando de 337 000 en 2019 a más de 435 000 en 2025, y el país se ha fijado ahora el objetivo de alcanzar los 2 millones de visitantes anuales para 2030.

Benín no es el único. En toda África, los gobiernos se están replanteando uno de los obstáculos más persistentes del turismo: el acceso.

Desde la entrada sin visado y las autorizaciones digitales hasta los programas de viajes regionales, los responsables políticos consideran cada vez más la facilidad de entrada como una estrategia fundamental para el crecimiento.

Ruanda ha adoptado un enfoque similar, al introducir en 2018 la expedición de visados a la llegada para todas las nacionalidades y combinarlo con un sistema simplificado de visados electrónicos. El objetivo es la flexibilidad: los viajeros pueden planificar su viaje con antelación o decidirlo en el último momento.

El impacto ha sido